Los problemas de columna que pueden ser controlados con este tratamiento aumentan rodeados de beneficios. Una más rápida y eficaz recuperación frente a las intervenciones convencionales es un factor decisivo al momento de optar por esta alternativa. Es básico  investigar la experiencia del profesional.


Hazem Nicola explica que con esta técnica se reduce el tiempo quirúrgico, aminora el sangrado y protege el tejido blando. Foto: Pavel Calahorrano / Luna Media

Quito, 23-11-2020.- La cirugía mínimamente invasiva de columna es una técnica relativamente nueva. Si bien, no está del todo difundida en nuestro país, ofrece muchas ventajas, que la han transformado en la más indicada para un abanico de enfermedades, que crece cada día.

Hernia discal, discopatías degenerativas, deformidades vertebrales en adultos y laterales en niños, inestabilidad raquídea y restitución del balance global de la columna vertebral son solo algunas de las condiciones que pueden ser tratadas por esta vía. El principio básico que rige este procedimiento es hacer el menor daño posible durante el abordaje. Las incisiones que se realizan son mucho más pequeñas con relación a las de una intervención convencional, se conservan las fibras musculares (en lugar de desinsertarlas), manteniéndolas en mejores condiciones.

Para cumplir con este objetivo, con un altísimo margen de precisión, los cirujanos recurren a otra herramienta de apoyo, que es el neuronavegador. Este equipo desarrolla una reconstrucción tridimensional del área, que guía al galeno en su labor. Así, se reduce la exposición del paciente y el especialista a los rayos X, aumentando la efectividad. Para el Dr. Hazem Nicola, cirujano vertebral, y uno de los pioneros de esta técnica en Latinoamérica, entre las bondades que ofrece el tratamiento están la reducción del tiempo quirúrgico, aminoramiento de sangrado y cuidado del tejido blando, lo que se traduce en un dolor posoperatorio más tolerable. Un factor complementario a considerarse es el económico, que resulta beneficiado por la disminución del tiempo de permanencia hospitalaria, entre otros factores. “Cualquier cirujano, que muda de una cirugía tradicional a una mínimamente invasiva, va a pasar por una curva de aprendizaje hasta perfeccionar su técnica. Pero, una vez que llega a ese nivel y se sienta familiarizado, existen muchas ventajas”, explica.

Los tiempos para cada tipo de operación dependerán del diagnóstico. Sin embargo, la premisa es que en cualquiera de ellas los factores positivos son notables y marcados. Por ejemplo, la descompresión de una hernia mediante una laminectomía, que es una técnica que requiere abrir un pequeño túnel por el arco posterior de la vértebra, se cumple –en la actualidad– a través del hospital del día. Es decir, el paciente ingresa en la mañana y por la tarde podría egresar de la casa de salud. En prácticas más complejas como la colocación de implantes estabilizadores de columna existe una media de 24 a 48 horas de estancia bajo el cuidado de personal profesional.

De ahí que la atención posoperatoria se aplique de forma estándar, con el hecho a destacar que la funcionalidad regresa más rápido, porque el aparato locomotor está mejor conservado y se evita la fibrosis en la cicatrización anómala.
Lo que sí recomienda Nicola es que los pacientes deben averiguar el perfil del cirujano que han escogido e indagar la frecuencia con la cual practica este tipo operaciones. La experiencia es fundamental para crear un vínculo de confianza con el médico, que se reforzará con el acceso a la información en todos los aspectos. Cada vez existen más canales a los cuales se puede recurrir para conocer este tipo de técnicas.