
Quito, febrero de 2026. La alimentación cumple un rol clave en el rendimiento diario, aunque muchas veces pasa desapercibida. En un contexto de jornadas cada vez más exigentes —marcadas por el trabajo, el estudio y la multitarea— comprender cómo los carbohidratos aportan energía al cerebro permite tomar decisiones nutricionales más conscientes para sostener la concentración y el desempeño mental.
Cuando se habla de concentración, memoria o rendimiento cognitivo, pocas veces se considera a la alimentación como un factor clave. Sin embargo, diversos estudios —entre ellos un boletín de la Universidad Nacional Autónoma de México— señalan que el cerebro, pese a representar cerca del 2 % del peso corporal, consume alrededor del 20 % de la energía total del organismo y depende principalmente de la glucosa como su fuente de combustible. En este proceso, los carbohidratos cumplen un rol esencial.
Durante la digestión, los alimentos que contienen carbohidratos —especialmente aquellos elaborados a base de harinas— se transforman en glucosa, que es utilizada por el cerebro para funciones fundamentales como la atención, la memoria y la capacidad de respuesta. Cuando este aporte es constante y equilibrado, la energía mental se mantiene estable; cuando es insuficiente o irregular, pueden aparecer fatiga, dificultad para concentrarse y bajo desempeño cognitivo.
“Una nutrición equilibrada no excluye macronutrientes, sino que los integra de forma adecuada para asegurar un aporte de energía estable, sin picos abruptos. Los carbohidratos tienen un rol clave en el rendimiento físico y mental diario, especialmente en personas activas, estudiantes, niños en crecimiento, deportistas y quienes cumplen jornadas extensas de trabajo”, explica Angie Toscano, nutricionista clínica.
La evidencia científica respalda esta relación. Una revisión publicada en el British Journal of Nutrition[1] analiza cómo la disponibilidad de glucosa derivada del consumo de carbohidratos influye positivamente en el rendimiento cognitivo, particularmente en funciones como la memoria y la atención, sobre todo en contextos de alta demanda mental y física.
Desde esta base, Toscano destaca algunos beneficios de su inclusión regular en la alimentación:
- Energía más estable a lo largo del día. Un consumo adecuado de carbohidratos contribuye a mantener niveles de energía constantes, apoyando tanto el rendimiento mental como el físico durante jornadas prolongadas.
- Macronutriente esencial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce a los carbohidratos como un macronutriente fundamental dentro de una alimentación equilibrada, recomendando que aporten entre el 45 % y 65 % de la energía diaria total, siempre en el marco de una dieta variada y balanceada.
- Apoyo en jornadas de alta exigencia. En la vida cotidiana, este aporte cobra especial relevancia en actividades académicas y laborales que requieren concentración sostenida. Los productos a base de harina pueden formar parte de este equilibrio cuando se combinan con proteínas, fibra y grasas saludables, favoreciendo una liberación gradual de glucosa y una energía más constante.
Desde este enfoque, alimentos como la harina de trigo —frecuentemente cuestionados— cumplen un rol relevante dentro de una alimentación equilibrada cuando se consumen en porciones adecuadas. Preparaciones simples, como una tortilla o un pan plano elaborado con Harina YA, acompañados de huevo y vegetales, pueden integrarse fácilmente al día a día como parte de comidas completas y funcionales.
De igual manera, panqueques o waffles caseros preparados con Harina o premezclas YA, combinados con fruta y una fuente de proteína, permiten iniciar la jornada con energía sostenida y mayor enfoque. En este contexto, contar con empaques que faciliten dosificar solo la cantidad necesaria ayuda a promover una cocina más práctica, consciente y alineada con hábitos reales.
Más allá de modas nutricionales, el consumo equilibrado de carbohidratos responde a una necesidad fisiológica. Comprender su rol permite tomar decisiones alimentarias más informadas y sostenibles, reconociendo que el buen desempeño mental y físico se construye a partir de hábitos consistentes que acompañan el ritmo cotidiano de las personas.
[1] Fuente: British Journal of Nutrition









