
En el regreso a clases el desafío para las familias no es solo retomar la rutina, sino acompañar a niños y adolescentes a desarrollar autonomía en su día a día. Belén Bonnard, especialista en desarrollo infantil, explica cómo fortalecer su seguridad, criterio y desarrollo emocional sin perder el vínculo, a través de pequeños momentos cotidianos.
En este contexto, Deprati acompaña a las familias como un aliado, facilitando opciones que permiten a niños y adolescentes participar activamente en su rutina y construir su autonomía de forma progresiva.
Autonomía progresiva: formar criterio desde lo cotidiano
Para Belén Bonnard, la autonomía progresiva es la capacidad que desarrollan los niños para participar activamente en su vida, tomar decisiones acordes a su edad y asumir responsabilidades de forma gradual. “No se trata de independencia inmediata, sino de un proceso acompañado, donde el adulto sigue siendo guía y sostén emocional”, explica. En un entorno donde todo ocurre rápido, fomentar la autonomía permite que los niños desarrollen seguridad interna, autorregulación y criterio propio. No es solo que “hagan solos”, sino que entiendan, decidan y confíen en sí mismos.
Señales de autonomía: cuándo y cómo ceder el control
Las señales aparecen en lo cotidiano. Cuando un niño quiere elegir su ropa, intenta vestirse solo o muestra iniciativa en tareas simples como preparar su mochila o alistarse para el colegio, está dando pasos hacia su autonomía.
También cuando comienza a seguir rutinas con menor ayuda y tolera pequeñas frustraciones. “La autonomía no llega cuando el niño está listo, se construye mientras aprende”, señala Bonnard.
Imagen personal: el primer lenguaje de identidad
A través de lo que eligen ponerse, los niños y adolescentes comienzan a construir identidad, gustos y preferencias. Elegir sus básicos, combinar prendas o decidir qué usar en su día a día no es solo una elección práctica, es una forma de decir: “esto soy yo”. Estos gustos también están influenciados por su entorno: personajes, tendencias y referentes que forman parte de su día a día. Por eso, decisiones como elegir una mochila con sus personajes favoritos —ya sea Lilo & Stitch, Spiderman, Sonic o Hello Kitty— no son menores, son una extensión de su identidad y una forma de sentirse representados.
Cuando un niño se siente identificado con lo que usa, aumenta su seguridad y su disposición a interactuar con el entorno. No se trata solo de funcionalidad, sino de conexión.
Decidir en lo simple: pequeños hábitos que construyen seguridad
Pequeñas decisiones como elegir qué ponerse, organizar su mochila o preparar su lonchera son espacios reales donde el niño empieza a sentirse capaz y a desarrollar confianza en sí mismo.
En la práctica, esto implica darles participación en su rutina: permitir que elijan entre básicos fáciles de combinar, decidir qué zapatos usar según su día o preparar su mochila con sus útiles. Contar con elementos funcionales —como cartucheras organizadas, mochilas prácticas o con ruedas que puedan manejar por sí mismos— facilita este proceso y les da mayor independencia.
También ocurre en momentos como la preparación de alimentos: usar loncheras y reposteros fáciles de abrir (como Bentgo o Sistema), o elegir su termo —funcional, antiderrame y accesible— los involucra directamente en su día y refuerza su sentido de responsabilidad. A esto se suma el uso de herramientas tecnológicas como laptops, tablets o audífonos, que no solo acompañan su aprendizaje, sino que también fomentan hábitos de organización y autonomía en sus actividades.
Fomentar la autonomía se traslada a momentos cotidianos como la preparación para la escuela y colegio, donde los niños empiezan a tomar decisiones sobre lo que usan, organizan y llevan consigo.
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