La etapa escolar es clave para consolidar hábitos que pueden acompañar a los niños durante toda su vida. Entre clases, recreos, alimentación y actividades deportivas, también se establecen rutinas que influyen directamente en la salud de dientes y encías.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las enfermedades bucodentales afectan a cerca de 3.5 millones de personas en el mundo. En la infancia, la prevención es de vital importancia: alrededor de 510 millones de niños presentan caries en los dientes temporales, lo que convierte a esta afección en uno de los principales desafíos de salud bucal durante los primeros años.
- Caries y cuidado diario
La caries se desarrolla cuando las bacterias presentes en la placa dental transforman los azúcares de alimentos y bebidas en ácidos que deterioran progresivamente el esmalte.
El consumo frecuente de golosinas y bebidas azucaradas, junto con una higiene insuficiente, incrementa el riesgo. Como medida preventiva, la OMS recomienda el cepillado dos veces al día con una pasta dental fluorada, además de reducir el consumo de azúcares libres y priorizar el agua como bebida principal.
- Encías sanas también importan
Durante la etapa escolar puede aparecer gingivitis, una inflamación de las encías que suele manifestarse mediante enrojecimiento, inflamación o sangrado durante la limpieza dental.
Una correcta higiene diaria ayuda a controlar la acumulación de placa bacteriana. En los niños más pequeños, el acompañamiento de padres o cuidadores sigue siendo fundamental para supervisar la técnica y asegurar una limpieza adecuada.
- Golpes y traumatismos dentales
Los juegos, las caídas y determinadas prácticas deportivas también pueden ocasionar lesiones en dientes y tejidos de la boca. Según la OMS, los traumatismos bucodentales presentan una prevalencia cercana al 20 % entre niños de hasta 12 años.
En actividades deportivas con riesgo de impacto, el uso de protectores bucales puede contribuir a reducir las consecuencias de un golpe. Ante una fractura, desplazamiento o pérdida de una pieza dental, es recomendable acudir oportunamente a un profesional.
- Hábitos sencillos que hacen la diferencia
La prevención puede integrarse fácilmente a la rutina diaria:
- Cepillar los dientes al menos dos veces al día con pasta dental fluorada.
- Complementar la higiene con limpieza interdental según la edad.
- Reducir el consumo frecuente de alimentos y bebidas azucaradas.
- Priorizar el consumo de agua.
- Supervisar el cepillado de los niños más pequeños.
- Utilizar protección bucal en deportes con riesgo de impacto.
- Mantener controles odontológicos preventivos.
“La salud bucal se construye desde los primeros años. Enseñar a un niño a cepillarse correctamente, cuidar lo que consume y entender por qué debe proteger sus dientes es darle herramientas que pueden acompañarlo durante toda su vida. La prevención empieza en casa, pero se fortalece también en las unidades educativas”, manifestó Oclis Gonzales, odontólogo vocero de Sauber.
Una sonrisa saludable también se aprende
La prevención de las afecciones bucales durante la etapa escolar es una tarea compartida entre familias, centros educativos y profesionales de la salud. Más allá de enseñar a los niños cómo cepillarse, el objetivo es que comprendan que cuidar sus dientes y encías forma parte de su bienestar integral.
Desde esta perspectiva, Sauber promueve la educación y la prevención en salud bucal como herramientas para fortalecer hábitos de cuidado desde la infancia y contribuir a que más familias incorporen la higiene oral en su rutina cotidiana.
Porque una sonrisa saludable no solo se construye con un cepillo: también se construye con educación, prevención y buenos hábitos.






