
- Según datos del INEC en Ecuador en 2023 hubo 13.318 muertes por enfermedades cardiovasculares: isquémicas del corazón, 3.557 muertes por enfermedades hipertensivas y 4.632 muertes por enfermedades cerebrovasculares [1].
- La obesidad no solo se relaciona con el peso: también puede afectar al corazón, los vasos sanguíneos, la presión arterial y el metabolismo.
- Expertos advierten que hipertensión, colesterol elevado y diabetes tipo 2 no siempre deben analizarse como problemas aislados, sino dentro de una mirada cardiometabólica más amplia.
Septiembre, 2026. Durante décadas, la obesidad fue vista principalmente como un tema de peso, estética o fuerza de voluntad. Hoy, la evidencia científica muestra una realidad más compleja: es una enfermedad crónica que puede afectar directamente la salud cardiovascular.
El dato preocupa por su escala. En 2022, más de mil millones de personas vivían con obesidad en el mundo, cerca del 13% de la población global. Las proyecciones indican que, para 2035, alrededor de 1.900 millones de adultos —es decir, cerca del 25% de la población mundial— podrían verse afectados[2].
La relación con el corazón es especialmente relevante: se estima que dos tercios del exceso de mortalidad asociado a la obesidad son atribuibles a enfermedades cardiovasculares[3]. Por eso, especialistas advierten que problemas como hipertensión, colesterol elevado, diabetes tipo 2 o insuficiencia cardíaca no siempre deben analizarse como condiciones aisladas, sino como parte de una conversación cardiometabólica más amplia[4].
Cómo impacta la obesidad al sistema cardiovascular
La obesidad puede dañar el corazón y los vasos sanguíneos por varias vías conectadas entre sí. El exceso de grasa corporal, especialmente la grasa visceral, puede liberar sustancias inflamatorias y hormonales que favorecen el aumento de la presión arterial, alteran la respuesta del cuerpo a la insulina y elevan el riesgo cardiometabólico.
El cardiólogo Pedro Caravaca, especialista de la Unidad de Insuficiencia Cardíaca y Trasplante del Hospital Clínic de Barcelona, explica que estos mecanismos pueden afectar directamente al sistema cardiovascular. Cuando aumenta la grasa corporal, en especial la que se acumula alrededor de los órganos, también puede aumentar la liberación de señales que alteran el equilibrio de la presión arterial, el metabolismo y la inflamación.
La grasa también puede acumularse en zonas menos visibles, como alrededor del corazón y de las arterias. Allí puede favorecer inflamación, rigidez vascular y formación de placas que dificultan el paso de la sangre. Con el tiempo, esta sobrecarga puede contribuir al desarrollo de hipertensión, enfermedad coronaria, arritmias o insuficiencia cardíaca.
En algunos pacientes, el corazón puede volverse más rígido y trabajar con mayor esfuerzo. Aunque al principio parezca funcionar, esa exigencia sostenida puede traducirse en síntomas como fatiga, falta de aire y menor capacidad para realizar actividad física.
De factores aislados a una mirada cardiometabólica
La medicina cardiovascular está cambiando su forma de mirar la obesidad. Durante años, la atención se concentró en controlar factores como la presión arterial, el colesterol o la glucosa por separado. Hoy, los consensos científicos insisten en que esos problemas pueden estar conectados por una misma raíz metabólica y que, en personas con obesidad, la evaluación cardiovascular debe ser más amplia: distribución de grasa corporal, presión arterial, lípidos y glucosa en sangre, sueño, actividad física, salud mental, funcionalidad y comorbilidades.
Además, investigaciones recientes han profundizado en cómo la obesidad puede afectar la estructura y función del corazón, incluyendo el papel de la grasa que rodea al órgano, la inflamación local y la rigidez cardíaca. Estos hallazgos refuerzan una idea central: el abordaje de la obesidad no debe medirse solo por la pérdida de peso, sino también por su impacto potencial en la salud cardiometabólica, siempre según la evidencia disponible, el perfil clínico de cada paciente y la indicación aprobada para cada tratamiento[5].
Una enfermedad crónica que requiere tratamiento integral
Los consensos actuales, liderados por la Sociedad Europea de Cardiología, plantean un cambio de paradigma: la obesidad ya no debe verse solo como un factor de riesgo, sino como una enfermedad sistémica crónica y un objetivo terapéutico relevante para mejorar la salud cardiovascular y el pronóstico de vida[6].
El tratamiento debe ser integral, individualizado y sostenido. Las intervenciones en el estilo de vida siguen siendo esenciales e incluyen nutrición, actividad física, manejo adecuado del sueño y apoyo psicológico. Cuando el perfil clínico lo requiere, el abordaje puede incorporar farmacoterapia aprobada y, en casos específicos de obesidad grave o complicaciones relevantes, procedimientos quirúrgicos. La decisión debe tomarse siempre con evaluación y seguimiento profesional.
“Al final del día el objetivo y el beneficio no es solo que la balanza marque menos —concluye el doctor Caravaca—, sino atacar la raíz del problema, para que los pacientes logren el objetivo principal: vivir mejor y vivir más”.
[1] https://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-
inec/Poblacion_y_Demografia/Defunciones_Generales/2023/Boletin_EDG_2023.pdf?utm_source=chatgpt.com
[2] Ahmed SK, Mohammed RA. Obesity: Prevalence, causes, consequences, management, preventive strategies and future research directions. Metabol Open. 2025 Jun 14;27:100375. doi: 10.1016/j.metop.2025.100375.
[3] Koskinas KC, Van Craenenbroeck EM, Antoniades C, Blüher M, Gorter TM, Hanssen H, et al. Obesity and cardiovascular disease: an ESC clinical consensus statement. Eur Heart J. 2024;45(38):4063-98.
[4] European Society of Cardiology. (s. f.). Obesity and cardiovascular health. Recuperado el 28 de septiembre de 2026, de https://www.escardio.org/topics/obesity-and-cardiovascular-health/
[5] Nardin M, Mehran R, Oliva A, Kedhi E, Galasso G, Nardin S, et al. From obesity to cardiovascular disease: pathological basis and clinical implications. Am J Med. 2026;000:1-12.
[6] Koskinas KC, Van Craenenbroeck EM, Antoniades C, Blüher M, Gorter TM, Hanssen H, et al. Obesity and cardiovascular disease: an ESC clinical consensus statement. Eur Heart J. 2024;45(38):4063-98.






