
Emprender, sostener y hacer crecer un negocio implica mucho más que una buena idea. Detrás de cada proceso de expansión hay decisiones estratégicas, aprendizajes constantes y una gestión que se redefine conforme el negocio y su entorno evolucionan.
Ese es el eje que plantea Eduardo Irigoyen, fundador y copropietario de Salerno Pizza Cucine e Bar, un negocio gastronómico que inició operaciones en diciembre de 2019 y que hoy opera en distintos puntos de Guayaquil y Samborondón. La historia no se centra en el producto, sino en el proceso: cómo se toman decisiones cuando un negocio deja de ser pequeño y empieza a crecer.
El proyecto nació como una iniciativa entre amigos, a partir de la identificación de una oportunidad clara en el mercado: ofrecer una propuesta gastronómica consistente, con un producto bien ejecutado y una experiencia cuidada. El primer local abrió en Samborondón y, con el tiempo, el crecimiento llevó a la apertura de nuevos espacios en Villa Club, Ciudad Celeste y el norte de Guayaquil.
Crecimiento y expansión
El proceso de expansión respondió tanto a una planificación previa como a la lectura constante del comportamiento del cliente. La decisión de abrir nuevos locales estuvo marcada por la demanda real detectada en distintas zonas, especialmente de personas que se desplazaban desde otros sectores para consumir en los locales existentes. Ese comportamiento fue clave para evaluar cuándo y dónde crecer.
Actualmente, el negocio cuenta con alrededor de 20 colaboradores y mantiene como base de su cultura la calidad constante del producto, el compromiso con el cliente, la responsabilidad con el equipo humano y una visión de crecimiento sostenido.
La experiencia de Eduardo Irigoyen abre una conversación sobre la gestión real de un negocio en expansión: cómo se toman decisiones cuando hay personas, operaciones y responsabilidades detrás, y cómo el rol del fundador evoluciona conforme el proyecto crece.