
Por María del Carmen Fernández
Chief Legal, Sustainability and Security Officer de Yanbal
En América Latina, millones de mujeres siguen enfrentando barreras para acceder a oportunidades económicas. Fortalecer la confianza y la autonomía es clave para transformar esa realidad.
Cada marzo, el Día Internacional de la Mujer nos invita a reflexionar sobre los avances alcanzados en materia de igualdad, pero también sobre las brechas que aún persisten. Aunque en las últimas décadas se han abierto nuevos espacios para las mujeres, las oportunidades siguen distribuyéndose de manera desigual en gran parte de América Latina.
Las cifras lo confirman. En la región, las mujeres aún ganan alrededor de 20 % menos que los hombres, dedican hasta tres veces más horas al trabajo de cuidados no remunerados y, según la Organización Mundial de la Salud, casi una de cada tres ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida. Estas realidades nos recuerdan que la igualdad no es un punto de llegada, sino un proceso que requiere compromiso sostenido desde distintos ámbitos de la sociedad.
En Ecuador, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 423.509 mujeres son propietarias de empresas, destacándose principalmente en los sectores de comercio y servicios. Además, 10.261 mujeres ocupan cargos de dirección y gerencia en medianas y grandes empresas, consolidando su papel como agentes clave en el desarrollo económico del país. Para muchas de ellas, emprender no es solo una opción, sino una necesidad para generar ingresos, sostener a sus familias y construir mayor estabilidad económica.
Sin embargo, más allá de las barreras estructurales, hay un elemento que muchas veces pasa desapercibido y que resulta fundamental para abrir oportunidades: la autoestima. Antes de emprender, liderar o tomar una oportunidad, una mujer necesita creer que es capaz de hacerlo.
Cuando una mujer fortalece su autoestima, empieza a reconocerse, a confiar en sus capacidades y a tomar decisiones que antes parecían lejanas. Ese cambio interior suele ser el primer paso para abrir nuevas posibilidades de desarrollo personal y económico.
Desde nuestra experiencia, el desarrollo de las mujeres se fortalece cuando se trabajan tres dimensiones clave: la autopercepción positiva, la independencia económica y las relaciones saludables. Cuando estos elementos se consolidan, las oportunidades comienzan a multiplicarse y su impacto trasciende lo individual.
En ese camino, el acceso a oportunidades económicas sigue siendo uno de los desafíos más relevantes. Muchas mujeres en nuestra región continúan enfrentando barreras para acceder a empleo formal, generar ingresos propios o desarrollar proyectos que les permitan construir mayor autonomía.
Frente a esta realidad, en Yanbal trabajamos para abrir más espacios de crecimiento. Hoy, más de 10 mil mujeres en ocho países forman parte de nuestra comunidad a través de una oportunidad real de negocio. Se trata de un modelo basado en la venta directa que les permite iniciar su propio emprendimiento comercializando productos de belleza de alta calidad, generar ingresos y crecer dentro de una red que impulsa su liderazgo y desarrollo personal.
Pero más allá del negocio, lo que realmente buscamos es algo más profundo: abrir oportunidades que permitan a más mujeres desarrollar su potencial.
Ese impacto también se refleja en su entorno. Cuando una mujer fortalece su confianza y amplía sus oportunidades, no solo transforma su propia vida; también influye en su familia, en su comunidad y en las generaciones que vienen.
Quizás esa sea una de las reflexiones más importantes en este Mes de la Mujer: el cambio no se declara, se demuestra. Se demuestra en cómo abrimos oportunidades, cómo reconocemos el talento y cómo construimos entornos donde más mujeres puedan crecer.






