
La campaña «La receta se respeta» llega a las universidades para fortalecer la formación de los futuros médicos y promover el uso responsable de medicamentos frente a una realidad que persiste en el país: la automedicación, la sustitución de tratamientos y el incumplimiento de las prescripciones médicas.
Quito, 02 Julio 2026.- En Ecuador, cambiar un medicamento por recomendación de un familiar, suspender un antibiótico apenas desaparecen los síntomas o pedir en la farmacia «algo parecido» a lo que recetó el médico son prácticas que forman parte de la cotidianidad de muchas personas. Aunque parecen decisiones menores, especialistas advierten que pueden afectar la eficacia de los tratamientos, retrasar la recuperación del paciente e, incluso, generar riesgos para la salud.
A esta realidad se suma otra evidencia. El análisis de estadísticas agregadas de IQVIA realizado por la Asociación de Laboratorios Farmacéuticos Ecuatorianos (ALFE) identificó diferencias entre los medicamentos que los médicos prescriben y aquellos que finalmente llegan a manos de los pacientes. En categorías como antigripales y antibióticos, medicamentos con alta participación en recetas presentan menores niveles de dispensación en farmacias, lo que evidencia una brecha entre la decisión clínica y el tratamiento que finalmente recibe el paciente.
Más que buscar responsables, estos datos plantean una pregunta que hoy cobra relevancia para todo el sistema de salud: ¿cómo fortalecer una cultura que respete la decisión médica y promueva el uso responsable de los medicamentos?
Con ese objetivo, ALFE, organización que representa a 16 laboratorios farmacéuticos del país, decidió llevar su campaña nacional «La receta se respeta» a las facultades de Medicina, convencida de que la mejor forma de transformar esta realidad es comenzar por quienes, en pocos años, tendrán la responsabilidad de prescribir tratamientos.
La iniciativa busca que los futuros médicos comprendan que una receta no es un documento administrativo, sino la traducción de un diagnóstico sustentado en evidencia científica, experiencia clínica y conocimiento médico. Cada decisión que contiene una receta el medicamento elegido, la dosis, la duración del tratamiento o las recomendaciones para el paciente responde a un análisis individual que busca proteger la seguridad y la recuperación de cada persona.
Durante las jornadas académicas, los estudiantes analizan cómo una receta segura se construye sobre cinco elementos esenciales: identificar correctamente al paciente, seleccionar el medicamento adecuado, definir la dosis exacta, establecer el tiempo del tratamiento y explicar las señales de alerta que requieren una nueva valoración médica. El objetivo es reforzar la idea de que modificar cualquiera de estos componentes puede alterar los resultados del tratamiento.
Otro de los ejes de la campaña es explicar que la atención médica funciona como una cadena de corresponsabilidad. El médico prescribe con base en la evidencia científica; la farmacia garantiza una dispensación adecuada; el paciente cumple el tratamiento según las indicaciones; y el sistema de salud debe facilitar el acceso oportuno a los medicamentos. Cuando alguno de estos eslabones falla, también se debilita la seguridad del paciente.
Los estudiantes también reflexionan sobre situaciones frecuentes que afectan la adherencia terapéutica, como la automedicación, las recetas incompletas, la sustitución de medicamentos sin conocimiento del médico o el abandono prematuro de tratamientos, especialmente en el caso de los antibióticos, donde interrumpir la medicación antes del tiempo indicado puede favorecer la resistencia bacteriana y disminuir la efectividad de futuras terapias.
«La formación médica no solo implica aprender a diagnosticar o prescribir; también significa comprender la responsabilidad que existe detrás de cada receta. Queremos que los futuros profesionales reconozcan que respetar una prescripción médica es proteger la seguridad del paciente y fortalecer la confianza en todo el sistema de salud», señala María Gabriela Moncayo, directora ejecutiva de ALFE.
La campaña «La receta se respeta», impulsada por ALFE junto con sus 16 laboratorios asociados, busca abrir una conversación nacional sobre la importancia de fortalecer la relación entre diagnóstico, prescripción, dispensación y adherencia al tratamiento. La apuesta comienza en las aulas porque es allí donde se forma el criterio profesional de los médicos que, en los próximos años, tomarán decisiones que impactarán directamente en la salud de miles de ecuatorianos.
Porque una receta médica no es solo una indicación escrita. Es el resultado de un proceso científico que merece ser respetado para garantizar tratamientos seguros, efectivos y centrados en el paciente.








